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Premio al esfuerzo: El sacrificio diario de Nazareno para ser el chico de oro

Tres veces por semana se entrena en Cerrito. Cuando puede, lo hace también los domingos. Otras tres veces por semana, se levanta a las 5.30 y viaja una hora para llegar a Paraná. Hoy, el país habla de él.

La fábula de Nazareno Sasia empezó en Cerrito, un pequeño pueblo de 7.000 habitantes, a una hora de viaje de Paraná, reseña hoy el diario La Nación acerca del joven entrerriano que obtuvo la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de la Juventud y que hoy ocupa la tapa de los principales medios periodísticos del país. Fue el profesor de la escuela de atletismo del pueblo, Marcelo Borghello, quien lo invitó a practicar cuanto tenía ocho años. Nazareno, que entonces jugaba al fútbol – se define como “un defensor de medio pelo”- y al básquetbol, comenzó a probar con la jabalina. Pero se chocaba siempre el implemento con su cuerpo. No era lo de él. Como pasa en el atletismo, exploró otras disciplinas. Hasta que se encontró más cómodo en lanzamiento de bala y disco. Primero, irrumpió en los Juegos Evita y cuando a los 12 años venció a otros competidores dos años mayores. Crecía año a año, hasta que Borghello comprendió que lo mejor era que se entrenara en Paraná, donde lo esperaba Sergio Alfonsini, un entrenador de lanzadores siempre dispuesto a trabajar con talentos.

Alfonsini dice a que todo el mérito en la formación de Sasia es de Borghello. Y este apunta a Alfonsini como un engranaje clave: “Es lo mejor que le pudo haber pasado”. Los entrenadores están juntos, festejando, abrazándose. Tres veces por semana Sasia se entrena en Cerrito. Y cuando puede, lo hace también los domingos. El polideportivo queda a una cuadra y media de su humilde casa. Y otras tres veces por semana, se levanta a las cinco y media de la mañana, y viaja una hora para llegar a Paraná, donde lo espera Alfonsini. Por la tarde va a la escuela.

Existe un eslabón más en el perfeccionamiento de Nazareno: Carlos Llera. En 2016 viajó a Paraná para verlo entrenar. Y le cambió la técnica de lanzamiento. En vez de lineal, es decir, sin que su cuerpo gire, propuso que lance rotacionalmente, como en la técnica del disco. Nazareno tenía 15 años. Lauro recién comenzó a hacerlo de esa manera después de los 20. Es un ejemplo claro de cómo el conocimiento y la formación de atletas anteriores pueden nutrir a los futuros. Por eso, Alfonsini, con ojos húmedos, no duda en decirlo: “Carlos marcó una forma de trabajar. Esto también es para él”.

Impresiona la figura de Sasia: 1, 93 metros y 118 kilógramos. Y recién cumplirá 18 años en enero. Su imponente físico contrasta con su humildad. “Me da mucha felicidad, estoy muy contento. Se me pasaron por la cabeza todos los momentos en los que estaba entrenando. Valió la pena por suerte”, dice Nazareno luego de ganar el oro. Y añade: “Esto es un logro muy grande pero no termina acá. Voy por más”, dice Nazareno que le dedica la medalla a su familia y a su entrenador. El próximo gran objetivo es el Mundial Juvenil 2020 de Nairobi, en Kenya. En estos Juegos, Nazareno batió su propio récord sudamericano juvenil de 21, 40 metros al lanzar 21, 94 metros. “Es un distinto. En los torneos más importantes se tiene más confianza”, señala Borghello.

A partir del año que viene, Sasia dejará de lanzar con una bala de cinco kilógramos y lo hará con una de seis porque ingresa en la categoría juvenil. En tres años, lo hará con una de siete kilógramos que es la que utilizan los mayores.

Fuente: Super Deportivo

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